EL SEÑOR DE LAS MOSCAS

EL SEÑOR DE LAS MOSCAS
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  • No nos deberíamos horrorizar demasiado por los saqueos en Concepción pues parecen ser actos propios del ser humano ante situaciones extremas, de desesperación y oscuridad.

No nos deberíamos horrorizar demasiado por los saqueos en Concepción pues parecen ser actos propios del ser humano ante situaciones extremas, de desesperación y oscuridad. Nueva Orleáns, en Estados Unidos, no se salvó de esto tras el huracán Katrina en 2005. La gente saqueó los almacenes en busca de comida y de agua –para sopesar el calor de ese momento-, pero también de armas. Por esto Estados Unidos desplegó 24 mil soldados y controló lo que debía y lo que no debía salir en los medios. Saqueos y vandalismo también se produjeron el 13 de julio de 1977, que duró más que 25 horas en el recordado –por una película de Spike Lee- apagón de Nueva York. La ciudad quedó sin electricidad. Muchos vecindarios, más notablemente Bushwick, fueron devastados casi por completo. Estos estados propios de la naturaleza humana que brotan en situaciones límites conducen al Señor de las Moscas, la novela de William Golding y su recordada versión de 1990 a cargo de Harry Hook , donde un grupo de niños abandonados en una isla se transforman en salvajes. Este estado del Señor de las Moscas está presente hoy en casi todas las cárceles, con cientos o miles de catástrofes personales apiladas. En estos penales hacinados podemos comprobar la manera de cómo la fauna humana, a través de códigos de terror, se regula en situaciones extrema. Adentro gana el más malo y punto. Tal vez ahí esté la simulación para lo que podríamos devenir. Por esto queda en la retina la imagen del tipo de clase media en el peak de los saqueos en Concepción, que en vista de las circunstancias y protegiendo su condominio esta vez no sacó su auto o la moto, sino una escopeta de caza.

Por Rodrigo Ramos

La Alternativa

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